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Capítulo 8. Cristo, nuestro Hilastērion y Trono de Gracia

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  Capítulo 8. Cristo, nuestro Hilastērion y Trono de Gracia “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia…” —Hebreos 4:16 “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra…” —Salmo 110:1 “A quien Dios puso públicamente como hilastērion …” —Romanos 3:25 En los capítulos anteriores contemplamos a Cristo como Rey exaltado, Sumo Sacerdote vivo y Profeta definitivo. Ahora debemos ver cómo esas tres realidades convergen en una sola Persona. Cristo no está dividido. El Rey que gobierna es el mismo Sacerdote que abre acceso al Padre. El Profeta que revela a Dios es el mismo Hijo entronizado que recibe a su pueblo. En Él, Dios habla, reina y se encuentra con nosotros. Pero este capítulo no quiere presentar una fórmula doctrinal abstracta. Quiere responder una pregunta profundamente práctica: ¿dónde se encuentra hoy el creyente con Dios? La respuesta del Nuevo Pacto es clara: en Cristo. Pablo dice que Dios puso públicamente a Cristo como hilastērion . Hebreos nos llam...

Cristo, el Profeta definitivo y Lugar de Encuentro

 Capítulo 6. Cristo, el Profeta definitivo y Lugar de Encuentro “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” —Hebreos 1:1–2 “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo…” —Éxodo 25:22 “A quien Dios puso como propiciatorio…” —Romanos 3:25 El discípulo no comienza hablando; comienza escuchando. Desde el principio, la historia bíblica es la historia de un Dios que se da a conocer. Dios habló en la creación, habló a los patriarcas, habló por medio de Moisés y habló por los profetas. Pero Hebreos declara que en estos últimos días Dios ha hablado de manera definitiva por el Hijo. Esa afirmación transforma toda la manera en que entendemos la revelación divina. Cristo no es simplemente otro mensajero dentro de la historia redentora. Él es el Hijo eterno en quien Dios se revela plenamente. En Él, el oficio profético alcanza su plenitud. Los profetas antiguos anunciaban la palabr...

Cristo, Sumo Sacerdote por la resurrección

 Capítulo 5. Cristo, Sumo Sacerdote por la resurrección “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.” —Hebreos 5:8–10 “Constituido no conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.” —Hebreos 7:16 Hebreos nos presenta una de las verdades más consoladoras del Evangelio: tenemos un Sumo Sacerdote vivo en los cielos. Pero para entender correctamente esta afirmación, debemos seguir con cuidado el argumento de la carta. Cristo no es Sumo Sacerdote en la cruz. En la cruz, Cristo muere. Su sangre es derramada, el Nuevo Pacto es inaugurado y en esa realidad hay remisión de pecados. El orden sigue siendo fundamental: sangre derramada → pacto inaugurado → remisión de pecados Pero Cristo llega a ser Sumo Sacerdote por medio de la resurrección, seg...

Levítico 1, la ofrenda aceptada y el gozo del acceso cultual

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Cuando las traducciones oscurecen el altar:  Levítico 1, la ofrenda aceptada y el gozo del acceso cultual Introducción: leer Levítico desde su propia gramática Hay textos que no solo deben ser traducidos; deben ser custodiados. Levítico 1:2-4 es uno de ellos. Allí no estamos ante una instrucción ritual aislada ni ante un simple procedimiento religioso antiguo. Estamos ante una puerta de entrada a la gramática del culto bíblico. En este pasaje se nos enseña qué significa presentar una ofrenda, qué lugar ocupa el holocausto, qué función cumple el sacerdote, qué presupone el altar, qué implica la aceptación divina y qué produce la acción expiatoria dentro del orden santo del pacto. Por eso, la traducción de estos versículos no es un asunto menor. Una decisión léxica puede orientar —o desorientar— la imaginación teológica del lector. Si una traducción estrecha una categoría amplia, si introduce una lógica no explícita en el texto, o si reduce un término cultual a una sola de sus posibl...
  San Agustín, la muerte de Cristo y el Nuevo Pacto Una crítica desde la muerte pactal de Cristo y la constitución sacerdotal del Resucitado Introducción Cuando la Iglesia confiesa que “Cristo murió por nuestros pecados”, afirma una verdad central del evangelio. Sin embargo, esa confesión exige una explicación bíblica rigurosa. No basta con declarar que la muerte de Cristo trae perdón; es necesario preguntar cómo lo trae, por qué su sangre produce remisión, qué relación tiene su muerte con la inauguración del Nuevo Pacto y cuándo comienza propiamente su sacerdocio celestial . Estas preguntas no son secundarias. De ellas depende la arquitectura interna de la salvación. Si la cruz se interpreta principalmente como la autoofrenda sacerdotal de un Cristo que ya ejerce plenamente el sacerdocio del nuevo orden, entonces el sacerdocio parece anteceder estructuralmente al pacto que debería fundarlo. Pero si la cruz es entendida como la muerte del mediador-pactante cuya sangre inaugu...