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Mostrando entradas de abril, 2026

Introducción

  Introducción La fe cristiana no nace de una idea sublime ni de una intuición religiosa elevada a doctrina. Nace del obrar soberano de Dios en su Hijo. Todo el evangelio se resume en esta confesión apostólica: Jesús de Nazaret es el Cristo, el Ungido esperado desde antiguo, en quien convergen las promesas hechas a Israel, la voz de los profetas y el designio eterno de salvación para el mundo. Desde el principio, la Iglesia ha reconocido que Jesucristo es el centro y la gloria de toda la revelación divina. En Él se cumplen las antiguas Escrituras. En Él, y por su sangre, queda inaugurado el Nuevo Pacto prometido por los profetas. Y en el seno de ese pacto resplandecen la remisión de los pecados, la purificación de la conciencia, el acceso libre a Dios, la ley escrita en el corazón y la constitución de un pueblo santo para la alabanza de su gloria. Este libro nace del deseo de contemplar, con ojos de fe y corazón adorador, la grandeza de esta obra. No busca agotar el misterio, si...

Capítulo 6

 Capítulo 6 La consumación gloriosa del acceso, del culto y de la comunión en el Nuevo Pacto Si en el capítulo anterior contemplamos al pueblo sacerdotal anunciando las virtudes de Dios, ofreciendo sacrificios espirituales y viviendo en el acceso santo abierto por el Hijo, ahora debemos levantar la mirada hacia la consumación de esa misma gloria. Porque el Nuevo Pacto no solo es superior al antiguo por la excelencia de su Mediador, por la perfección de su sacerdocio o por la firmeza de sus promesas; es superior también porque conduce al pueblo de Dios a una comunión plena, a un culto consumado y a una cercanía sin velo. Lo que ahora vivimos en verdad, aunque todavía por fe, será entonces vivido en perfección, sin debilidad, sin interrupción y sin sombra. La gloria del Nuevo Pacto no consiste únicamente en que el pecado ha sido remitido, ni solo en que la conciencia ha sido purificada, ni solo en que el acceso al Santísimo ha sido abierto. Consiste también en que Dios ha querido rec...

Capítulo 5

Capítulo 5 El pueblo sacerdotal, la proclamación del Nuevo Pacto y la esperanza de la consumación Si en los capítulos anteriores hemos contemplado la gloria del Hijo prometido, la remisión de los pecados, la purificación de la conciencia, el acceso al Santísimo, la ley escrita en el corazón, la santificación del pueblo y el culto vivo de una existencia presentada a Dios, ahora debemos considerar la forma visible y esperanzada de esa misma obra en la vida de la Iglesia. Porque los dones del Nuevo Pacto no fueron dados para quedar encerrados en la interioridad del creyente ni aun en la sola asamblea reunida, sino para constituir un pueblo santo que vive delante de Dios, anuncia sus virtudes, ofrece sacrificios espirituales y camina hacia la gloria venidera. El pueblo del Nuevo Pacto aparece en la historia como casa espiritual, como sacerdocio santo, como nación santa, como pueblo adquirido por Dios. La santificación recibida no lo encierra en sí mismo: lo constituye para el culto, para l...

La ley escrita en el corazón

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Capítulo 4 La ley escrita en el corazón, la madurez del pueblo santo y el culto vivo del Nuevo Pacto Si en el capítulo anterior contemplamos el acceso libre al Santísimo, la vida de fe y la perseverancia del pueblo del Nuevo Pacto, ahora debemos considerar lo que nace de esa cercanía: la ley escrita en el corazón, la madurez del pueblo santo y el culto vivo que brota de una comunión restaurada. Esta realidad no es un suplemento moral añadido a la gracia, ni una carga posterior impuesta al creyente para completar lo que Cristo ya realizó. Es uno de los frutos propios del pacto nuevo. El Dios que remite el pecado y purifica la conciencia es el mismo que renueva el interior de su pueblo, graba su voluntad en lo íntimo de ellos y los forma para vivir delante de su rostro en obediencia, comunión y gozo. Jeremías lo había anunciado con palabras de inmensa firmeza y ternura: «Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y...

El acceso al Santísimo, la vida de fe y la perseverancia en el Nuevo Pacto

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  Capítulo 3 El acceso al Santísimo, la vida de fe y la perseverancia en el Nuevo Pacto Si en el capítulo anterior contemplamos la remisión de los pecados y la purificación de la conciencia como frutos de la inauguración del Nuevo Pacto por la sangre del Mesías, ahora somos llevados a considerar el despliegue pleno de esa misma obra: el acceso libre al Santísimo, la vida de fe y la perseverancia del pueblo de Dios. Nada de esto nace de capacidad humana autónoma. Todo brota de la iniciativa fiel de Dios manifestada en su Hijo. Su sangre fue derramada e inauguró el Nuevo Pacto; su resurrección lo constituyó sacerdote según el poder de una vida indestructible; su ascensión y entronización lo introdujeron en el ejercicio celestial de ese sacerdocio. Desde ese fundamento se abre ahora, con santa libertad, el camino a la presencia misma de Dios. En el antiguo tabernáculo el acceso estaba rigurosamente ordenado. Había atrios, velos y separaciones sagradas. Solo el sumo sacerdote entraba u...

La remisión de los pecados, la purificación de la conciencia y la vida del Espíritu en el Nuevo Pacto

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Capítulo 2 La remisión de los pecados, la purificación de la conciencia y la vida del Espíritu en el Nuevo Pacto Si en el capítulo anterior levantamos los ojos para contemplar al Hijo prometido en la gloria íntegra de su obra —el Verbo hecho carne, el hijo de David entregado a la muerte, el Resucitado exaltado y constituido Sumo Sacerdote para siempre—, ahora somos conducidos a contemplar uno de los frutos más hondos, santos y hermosos de esa misma obra: la remisión de los pecados, la purificación de la conciencia y la vida del Espíritu Santo en el ámbito glorioso del Nuevo Pacto. Todo comienza en la sangre derramada del Mesías. Todo descansa en ella. Todo se abre por ella. No hay Nuevo Pacto, no hay remisión de los pecados, no hay purificación de la conciencia, no hay acceso al Santísimo ni vida del Espíritu para el pueblo de Dios sino por medio de esa sangre santa y preciosa. En la entrega del Hijo no contemplamos solamente el fin de una vida justa, sino el acto soberano por el cual ...

​El Hijo prometido, la muerte del pacto y la gloria del Resucitado

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Capitulo 1 ​El Hijo prometido, la muerte del pacto y la gloria del Resucitado ​La fe cristiana no nace de una idea sublime ni de una intuición religiosa convertida después en doctrina: nace del obrar soberano de Dios en su Hijo. El evangelio proclama que Jesús de Nazaret es el Cristo, el Ungido esperado desde antiguo, en quien convergen las promesas hechas a Israel, la voz de los profetas y el designio eterno de salvación para el mundo. Por eso, cuando el Resucitado abrió las Escrituras a sus discípulos, les mostró que en Moisés, en los profetas y en los salmos se hablaba de él (Lc 24:26-27, 44); por eso mismo, la predicación apostólica lo confesó sin vacilación como «Señor y Cristo» (Hch 2:36). ​Desde el principio, la Iglesia ha reconocido que Jesucristo es el Hijo eterno de Dios. No comenzó a existir en Belén, ni recibió en el tiempo una dignidad que antes no poseyera. Antes de la creación ya era: «En el principio era el Verbo» (Jn 1:1). Antes de su nacimiento ya compartía la glor...

Capítulo 11. El perdón que habita

  Capítulo 11. El perdón que habita Hay un modo de terminar que no cierra nada. No cierra porque lo que ha sido abierto no puede ya cerrarse. Porque una realidad verdadera no se concluye como se concluye un argumento. Puede terminar la exposición. Puede terminar el recorrido por el texto. Puede terminar la sucesión de capítulos. Pero lo que esos capítulos señalaban no pertenece al mundo de las tesis que se enuncian y se guardan. Pertenece al mundo de las realidades que se habitan. Y una morada no se concluye. Se entra en ella. Por eso estas páginas finales no pretenden resumir lo dicho como si todo cupiese de nuevo en una frase. Pretenden, más bien, dejar que lo que ha ido apareciendo a lo largo del libro encuentre su lugar. Que lo que se fue viendo con dificultad al comienzo pueda ser visto ahora con más claridad. Que el lector no se quede con una colección de correcciones, sino con una imagen de Dios más fiel a la que la Escritura misma ofrece. Porque de eso se trató ...

Capítulo 10. La justicia de Dios más allá del libro de cuentas

Capítulo 10 La justicia de Dios más allá del libro de cuentas Hay palabras que parecen claras mientras uno no ha salido todavía del marco en que aprendió a oírlas. Sucede con la palabra justicia. Muchos la escuchan y piensan de inmediato en castigo, en compensación, en equivalencia, en una balanza que debe volver a su punto exacto después de una falta. Si alguien ha hecho un mal, entonces debe sufrir un mal proporcional. Si una deuda ha sido creada, entonces debe pagarse. Si algo fue torcido, entonces debe enderezarse por medio de una pena equivalente. Esa lógica parece fuerte porque parece simple, y precisamente por eso puede instalarse muy hondo en la imaginación sin ser verdaderamente examinada. Pero no toda simplicidad hace justicia a la verdad. Y no toda definición que parece firme es, por ello mismo, la más fiel al testimonio de la Escritura. Porque la justicia de Dios no debe ser pensada primero como una contabilidad cósmica, como si el universo fuera un inmenso libro de cuentas...